Por Sabrina Critzmann (MN 148279)

Después de un invierno frío y de una primavera llena de colores, en el hemisferio sur ya se empiezan a sentir las temperaturas más elevadas. Al sol, a las piletas, a los días más largos y a las fiestas (en este punto siempre me pregunto: ¿por qué no adaptamos el traje de Papá Noel a este clima, no?) se le suma que empezamos a tener calor y que el cuerpo transpira más para regular su temperatura. Por eso es importante estar muy atentos para prevenir la deshidratación, sobre todo en bebés, niños y niñas.

Calor y cuidados:

El cuerpo de los bebés está conformado mayormente por agua. La deshidratación se produce cuando en el cuerpo ingresa menos agua de la que egresa en forma de orina, heces o transpiración. La deshidratación puede ser leve, moderada o grave, y tiene distintas maneras de expresarse. Cuando el cuerpo avisa que tenemos sed es que ya estamos levemente deshidratados, y esa sed es un mecanismo de defensa.

Pero ¿cuáles son los puntos a tener en cuenta y consejos para prevenir la deshidratación en bebés, niñas y niños? A continuación les dejo algunos:

  • Antes de los 6 meses, es importante ofrecer el pecho o la leche de fórmula de la que se alimente el bebé a demanda. Aunque haga mucho calor, no necesitan agua extra: obtendrán los líquidos de su leche. Sí, los bebés menores de 6 meses solo deben recibir LECHE: sus riñones son inmaduros y no procesan bien el agua libre, pudiendo llevar a un desequilibrio de los electrolitos (sodio, potasio, cloro y otras sustancias que se encuentran en la sangre). Aunque parezca tentador ofrecerles agua, la leche del pecho A DEMANDA o, en su defecto, la de fórmula, los hidratará sin problema.
  • Después de los 6 meses, ofrecer agua potable en vaso, manteniendo el pecho a demanda. En el inicio de la alimentación complementaria se puede dar agua en las comidas y, posteriormente, ofrecer varias veces al día si hace mucho calor. El agua puede estar natural o fría, hay que averiguar qué le gusta al bebé.
  • Los jugos comerciales que vienen en cajita o en sobre y las gaseosas no están recomendados por ser productos ultraprocesados: la mayoría ni se parece a la fruta que publicitan, tienen muchísimo sodio y azúcares, ¡lo cual da más sed!
  • Las infusiones (té, café, mate y mate cocido) no se sugieren en la infancia porque dificultan la absorción de hierro de las comidas. Además, tienen efecto diurético (actúan en los riñones haciendo que tengan más ganas de hacer pis) por lo que no sirven para hidratar.
  • Ofrecer fruta fresca y bien lavada. Dejarla a mano de los chicos para que puedan acceder fácilmente. La fruta tiene alto contenido de agua.
  • El verano es la época donde más casos de gastroenteritis (diarrea y vómitos) observamos. También aumentan los casos de Síndrome Urémico Hemolítico (SUH). Esto se debe a que la contaminación de alimentos es más frecuente debido a la mayor proliferación de las bacterias y sus toxinas. Siempre es importante mantener la higiene, lavarse las manos y, si vamos a comer fuera de casa, que sea en un lugar seguro y con controles bromatológicos. Evitar las preparaciones con carne picada.
  • Es posible que les transpire mucho la cabecita, de día o de noche. Es la mayor superficie de su cuerpo y por donde más calor pierden. Es totalmente normal.
  • Usar ropa liviana, de algodón, para absorber la transpiración. Cuando están al sol (siempre con protector solar y en horario permitido) se les puede poner la ropa UV.
  • Hay una creencia alrededor de que los bebés tienen que dormir tapados. No, no se preocupen por eso: no hace falta. Pueden dormir destapados, incluso pueden dormir solo con el pañal. Si sienten frío nos lo harán saber y les pondremos una ropita. El frío no enferma, no tendrán un enfriamiento, ni nada que los lastime.
  • Se puede usar ventilador o aire acondicionado en la habitación donde duerme un bebé, simplemente hay que cuidar que no le de directo. ¿Por qué? Porque si a mí me molesta la corriente de aire del ventilador, me corro o lo apago; un bebé no puede hacerlo.
  • Es normal que al usar un aire acondicionado o un ventilador amanezcamos con un poco de mucosidad. Esto no es un resfrío: lo que sucede es que la vía aérea se reseca con el aire frío, y se defiende generando moco. Esto mejora en unos minutos luego de despertarnos.

¿Cuándo tenemos que preocuparnos y consultar al pediatra?

Si el bebé, niño o niña no toma líquidos (la teta cuenta como líquido, a cualquier edad), no tolera ningún líquido por vómitos, no hace pis en varias horas, tiene mucha diarrea líquida o con sangre, tiene dificultad para respirar, o se perciben cambios en su actitud (somnolencia extrema o irritación inusual), es preciso concurrir a la guardia. Mientras más pequeño sea el bebé, mayor es la posibilidad que tiene de deshidratarse.

En caso de deshidratación constatada por un profesional de salud, es posible que se indiquen las sales de rehidratación oral, un preparado farmacéutico con las concentraciones necesarias para devolverle la estabilidad al cuerpo. Las bebidas deportivas, los jugos comerciales y las gaseosas (ni siquiera si les sacamos el gas) NO rehidratan. Y no solo eso, también pueden empeorar el cuadro. Su uso medicinal es un mito a desterrar.

El verano puede ser una época hermosa pero tenemos que tener ciertos cuidados, sobre todo con los bebés y los mayores, que tienen mayor riesgo de deshidratación. Mucha teta, mucha agua, ¡Y A DISFRUTAR!.

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