Aparece en distintos momentos del día, como cuando creemos que nos fue mal en una entrevista de trabajo solo porque cruzamos debajo de una escalera. La superstición y algunos rituales van de la mano

El pensamiento no es uno solo, sino que conviven distintas formas de enfocar un problema o analizar una situación. En algunos momentos seremos capaces de aplicar un pensamiento sistémico, capaz de pensar en la totalidad de los factores y en la relación entre ellos. Mientras que con ciertos temas, la única respuesta posible será el pensamiento mágico.

¿Mágico? Sí, aunque su nombre refiere más que nada a la improbabilidad de ciertas ideas, aunque las demos por ciertas. Por ejemplo, el pensamiento mágico aparece en distintos momentos del día, como cuando creemos que nos fue mal en una entrevista de trabajo solo porque cruzamos debajo de una escalera. La superstición y algunos rituales van de la mano de este tipo de pensamiento.

Qué es y cómo se expresa

El pensamiento mágico se caracteriza por creer que las propias ideas o pensamientos son capaces, por sí mismas, de influir en la realidad. Por ejemplo, frente a una situación complicada, creer que las cosas se van a solucionar solas, porque yo lo pienso así.

Suele funcionar por la proximidad y la asociación de los hechos.

Para comprenderlo mejor, podemos pensar en un caso muy típico en cierta etapa infantil: un niño se siente mal porque cree que su compañerito se lastimó jugando, solo porque deseaba que se lastime. Los niños (entre los 2 y los 7 años) suelen asumir que su mente tiene la capacidad de provocar ciertos efectos.

En este sentido, es posible observar cómo esa relación que se establece no responde a evidencia o a lógica, sino todo lo contrario. Se trata de una relación ilógica, azarosa e irracional. Se establecen causas y conexiones como si fueran ciertas o probables, aun cuando una cosa no conecta con la otra.

Características del pensamiento mágico

Algunas de las características del pensamiento mágico son las siguientes:
• El filtro por el que se tamiza toda la información no tiene lógica.
• Es más frecuente en la infancia, aunque también persiste en edades adultas. En especial en temas vinculados con la superstición, los rituales y la religión.
• Tener ciertos pensamientos, creencias o deseos son suficientes y bastan para explicar o determinar que algunos episodios sean ciertos.

Cómo nos puede afectar

El pensamiento mágico tiene efectos, tanto positivos como negativos. En cuanto a los primeros, algunas consideraciones son las siguientes:

  • – Suele funcionar como un calmante en determinadas circunstancias, por ejemplo, una persona que expresa que se siente mal, que tiene dolores y que eso le provoca mucha angustia. El doctor le da una medicación para que tome y se le pase el dolor, pero en realidad no le está dando nada, solo placebo, es decir, el pensamiento mágico puede ser tranquilizante y resulta útil para reducir la ansiedad.
  • – Aunque falsa, proporcionan sensación de control. Es útil en situaciones en las que no podemos intervenir.
  • – Aporta un optimismo que, a su vez, fortalece la autoconfianza.
  • Sin embargo, el pensamiento mágico también puede impactar de manera negativa en nuestras vidas:
  • – Puede llevarnos a confiar en exceso, paralizando nuestra acción. Por ejemplo, frente a una situación de enfermedad o de conflicto, pensar que con nuestro simple deseo o la voluntad somos capaces de curarnos o de arreglar  un conflicto. En este sentido, podría alejarnos de encontrar soluciones reales.
  • – Muchas veces, puede tener un efecto culpabilizante. Una frase que lo explica muy bien es la que versa “lo que pensás, lo atraés“. En este caso, muchas personas se responsabilizan por ciertos sucesos solo porque estuvieron pensando en ello.
  • -Deriva en otros sesgos cognitivos, que nos hacen interpretar la realidad en una sola dirección, clausurando posibilidades de lectura. Funciona como un veredicto, como algo determinante.

Lograr que el pensamiento mágico no inhiba la acción

Puede aportarnos beneficios, pero también ser un obstáculo. De allí que sea importante que podamos identificar en qué momento nos regimos por él y si es conveniente hacerlo.

Así, una buena recomendación sería hacerse la siguiente pregunta: ¿qué evidencia tengo de que esto sea así? Lo siguiente será plantear si realmente es probable que suceda tal cosa por dicha razón. De este modo, nos detenemos a ser un poco más críticos, a analizar antes de dejarnos llevar.

El inconveniente de quedarnos atrapados en el pensamiento mágico es que podría impedirnos tener una lectura alternativa a las situaciones para buscar soluciones más constructivas. Si esta forma de afrontar la realidad nos inhibe, entonces tenemos que cambiarla.

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