Lo primero que se piensa al hablar de infidelidad, es que algo falló en la pareja o se culpa al aburrimiento, la falta de sexo y se pone como excusa el hecho de salir de la rutina.

Sin embargo, no tiene que ver con la otra persona (el engañado) sino con quien es infiel. El que engaña puede seguir amando a su pareja (sentimiento) y sentir atracción por otra (emoción).

Según la psicoterapeuta Esther Perel en su libro State of Affairs, los cuernos no se ponen por (ni para) el sexo, sino por la sensación de pérdida de identidad.

“A veces, cuando buscamos la mirada de otra persona, no estamos apartándonos de nuestra pareja, sino de la persona en la que nos hemos convertido. Más que otro amante, lo que buscamos es otra versión de nosotros mismos”, explicó.

Esto los lleva a escoger amantes que no querrían como pareja: “Algunos se sienten atraídos por el recuerdo de la persona que fueron en otro tiempo. Hay otros cuyos sueños los llevan a la oportunidad perdida, el amor que dejaron marchar, la persona que podrían haber sido (…)”.

“Las aventuras nos ofrecen un atisbo de esas otras vidas, del desconocido que llevamos dentro. El adulterio es la venganza de las posibilidades desechadas”.

La psicóloga Sonali Gupta sigue la misma línea: “En mi experiencia, tanto con hombres como con mujeres, les he escuchado describir las razones que les llevaron a tener una aventura: ‘He descubierto una parte de mí mismo que creía que había perdido”.

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