Es denominador común en las conversaciones entre padres la preocupación por el aburrimiento constante de sus hijos. Comentan preocupados que tienen la sensación de que nada los entretiene. En tiempos de vacaciones, se vuelve aún más compleja la cosa, porque el “no sé qué hacer”, sucede 24 x 7.

Aunque tengan actividades recreativas, programas con primos y amigos, o salgan de vacaciones, lo cierto es que el tiempo libre extendido, genera un espacio difícil de llenar.

Juan se despertó temprano como todos los días, y mientras sus papás y hermanos todavía estaban desayunando, ya empezó a quejarse de que no sabía qué hacer. “Me aburro”, recitaba silencioso. Al rato ese susurro se volvió un grito: ¡Me estoy aburriendo! Y ahí, empezó la batalla de siempre. La mamá protestando: “No puede ser, con todos los juguetes que tenés, encima justo hoy, que por Navidad recibiste tantos regalos. No puedo creerlo”. “Vení a jugar con la Tablet conmigo”; le propuso el hermano mayor aturdido del griterío.

Seguramente, con diferentes condimentos, en cada familia se viven situaciones semejantes. No es fácil lidiar con la frase “me aburro”. A los padres se nos ponen en juego muchas cosas. Oscilamos entre la culpa de sentirnos responsables de “entrenerlos”, y el enojo porque creemos que son unos desagradecidos, y que cuánto daríamos nosotros por tener tanto tiempo libre como ellos, en medio de tanto stress laboral.

Comencemos por repasar la propia definición de aburrimiento. Según el diccionario, es esa “sensación de fastidio provocada por la falta de diversión o de interés por algo“.

En primer lugar, como padres, intentemos despojarnos de la mirada negativa. A pesar de esa sensación de fastidio propia del estar aburridos, o más bien gracias a ella, pueden despertarse en los más chicos cosas muy buenas. Confiemos en eso. Numerosos estudios afirman que el aburrimiento incentiva la creatividad, la capacidad reflexiva, reduce el stress, y muchos otros beneficios. No está tan mal de vez en cuando pasar por esto de no saber bien qué hacer.

Otra gran cuestión en estos tiempos, agudizada por el exceso de pantallas, es que a los chicos de hoy les cuesta descubrir aquellas cosas que les interesan. Hace poco en un colegio, preguntamos en un grupo cuál era su hobby, y la mayoría respondió “estar con el celular”. Desde ya que a través del aparatito podemos hacer infinidad de cosas, y que la tecnología nos brinda numerosas herramientas para otras actividades (ver recetas, afinar la guitarra, escuchar música para bailar, son solo algunos de los ejemplos). Sin embargo, pareciera que a veces les cuesta conectar con eso que verdaderamente los divierte, que disfrutan.

Un nuevo concepto que pisa cada vez más fuerte es el del microentretenimiento. Videos cada vez más cortos y acelerados en las redes sociales, canciones que ya ni escuchamos completas, fragmentos de videos, capítulos y series que elegimos y descartamos a un click de distancia. En medio del desarrollo de los más chicos, es clave el poder sostener la atención en una actividad. Pedagogos y maestros trabajan para ir incorporando esta habilidad que será fundamental para ellos en lo cognitivo y emocional. No dejemos que el apuro del marketing de hoy, atente con el crecimiento sano de nuestros hijos.  

Muy lindo todo, pero en lo concreto: ¿Qué podemos hacer? Acá les dejamos una propuesta para hacer en familia, con algunas sugerencias para su implementación: “Frasco de las ideas”

  • Elegir un frasco o contenedor.
  • Tomarse unos días para pensar y anotar ideas de cosas para hacer, lo más concretas que podamos. (ej: podemos poner cocinar, pero mucho mejor si ponemos cocinar la torta de chocolate que hace la abuela)
  • Es muy bueno que las propuestas surjan de los mismos chicos, desde ya que los adultos podemos ayudarlos a pensar, o buscar también en internet ideas para inspirarnos. Chequear que haya actividades de todos los tipos, y más que nunca intentar que no sean todos con pantallas.
  • El armado, es una excelente oportunidad para que puedan conectarse con las cosas que más les gustan hacer.
  • De esta manera, al apropiarse de las ideas, disfrutarán más cuando “les toquen”.
  • Para los más chiquitos en el mismo papel pueden poner una idea para hacer con un grande o solos, para que tengan la opción si los papás están ocupados en ese momento.
  • Escribir o dibujar las ideas en papelitos de colores y ponerlas dentro del frasco.
  • ¡Listo el frasco!

En esos momentos en los que aparece el famoso “estoy aburrido”, “no sé qué hacer”, aparece el frasco y como en las viejas épocas de los sorteos, en las que no existían las apps que los hacían, ojos cerrados, revolvemos y sacamos uno.

El que toca, toca, la suerte es loca, y ¡a pasarla bien!.

Como siempre, es también importante nuestra actitud como adultos. A nosotros, también nos cuesta cada vez más entretenernos, y en medio del acelere en el que vivimos, no logramos recuperar el disfrute del tiempo libre, ni conectar con esas cosas que nos gusta hacer. Nuestros hijos también nos miran, y nuestras palabras mueven pero nuestro ejemplo arrastra.

Nos deseamos a grandes y chicos recuperar el verdadero sentido del ocio, que como sostiene Joseph Pieper, es una enorme oportunidad para contemplar, reflexionar, y encontrarnos con nosotros mismos.  

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