La actriz de origen español ha protagonizado grandes éxitos en cine y televisión; por primera vez se anima al cine argentino en un thriller erótico con climas enrarecidos que puede verse online.

Repasar la carrera de Natalia Tena es hacer un viaje a través de exitosas franquicias cinematográficas como Harry Potter y recientes éxitos televisivos como Game of Thrones o The Mandalorian. Diario Hoy dialogó con la actriz y música (nacida en Reino Unido, de origen español), aprovechando el estreno en CINE.AR de Sangre, la película de Juan Schnitman en la que comparte cartel con Juan Barberini.

—¿Cómo estás viviendo la pandemia?
— (risas) Como mucha gente en el mundo de los eventos, de las películas y de la música, he estado desde marzo sin poder hacer nada, sin poder trabajar. Por suerte, por lo menos donde vivo, en Londres, el lockdown, comparado a España, ha sido diferente; allá no han podido salir de casa, acá hemos podido salir a pasear, creo que mentalmente eso ayuda mucho. Vivo en un barco y tengo la parte de arriba, donde puedo sentarme, tengo espacio afuera, hay gente con niños pequeños en un departamento que no tienen ni eso. Y además por suerte no he tenido muertos cercanos por Covid, sí que lo han tenido, pero al tiempo ya estuvieron bien.

—Sos una de las protagonistas de Sangre, ¿desde dónde te llega la propuesta?
—Me llega a través de Carlos Marqués-Marcet, que no es sólo un director, sino que es familia, con quien hice las películas 10 mil kilómetros y Tierra Firme en mi barco. Él se enteró de que iba a ir para una Comic Con a Argentina y me dijo que tenía que conocer a Juan. Se habían conocido en un Festival, salimos a cenar, comimos un filete de maravilla, un vino hermoso, hablamos de la película, me pasó el guión y luego no se podía hacer por compromisos que tenía en Sudáfrica y en Los Ángeles; pero luego sí cuadramos.

—¿Fue difícil componer a Gabriela? Es un
personaje muy contradictorio…
—Yo la definiría como una adicta, una adicta al sexo; ella tuvo ese momento con su expareja y en un punto tuvo miedo del nivel sexual que tenían. Se escapó, tiene una vida con su nuevo marido y vuelve él. Es como una alcohólica, que vuelve y sorbe un poco, sola, vuelve al otro, va y viene, la raíz de ella es muy sexual y había que meterse en eso. Tiene muchas caras y antes de que los problemas aparezcan, se escapa, tiene algo de sobrevivir.

—¿Te gustó entrar en el género?
—No pienso en eso cuando elijo trabajos y generalmente escojo para hacer lo opuesto. Por ejemplo, lo anterior a Sangre fue Te quiero imbécil, una comedia, en donde me la pasé muy bien con Quim Gutierrez y la directora Laura Mañá, que es maravillosa, una comedia romántica. También antes hice The Mandalorian y luego esto; y me gusta probar todo, voy a hacer fantasía, histórico, me gusta meterme en muchos géneros

—¿Es complicado entrar y salir de universos tan disímiles como The Mandalorian o Game of Thrones para luego ingresar en 10 mil kilómetros o Sangre?
—No sé, intentas hacer lo mejor posible. No pienso eso, para mí es lo mismo una película pequeña o una gran serie; me sigo “cagando” la noche anterior de ir, porque tienes que ir y hacer un buen trabajo.

—Es interesante que hay mucho público que te sigue por las series y eso ayuda a películas más pequeñas a difundir…
—Claro, aunque sea algo maravilloso estar en fantasía creo que uno se aburriría de hacer lo mismo. Es muy bueno ir y venir y aceptar desafíos; eso no puedes perderlo y tienes que aprenderlo.

—No te enceguecen las luces de Hollywood, ¿verdad?
—Son menos las luces y más la sensación de ir al colegio el primer día. Cuando uno es profesional da lo mismo que sea una producción grande o pequeña. En 10 mil kilómetros, por ejemplo, la protagonista no hablaba una sola palabra en español y nos entendíamos porque el equipo estaba en la misma sintonía.

—¿Es difícil en las series, o como fue en la saga de Harry Potter, volver a interpretar al mismo personaje?
—En Harry Potter, mi personaje (Nymphadora Tonks) cambiaba mucho; ella, con sus emociones, variaba, entonces en cada película cambiaba notoriamente. En cada capítulo, de look, de pelo, ella cambiaba por magia. En Game Of Thrones sí, dejas de grabar, te vas un año, haces tu vida, y después vuelves y de hecho tuve que ver episodios para ver cómo era el acento y cómo te movías. Sangre la pude hacer porque no renovaron Origin, compartía trabajo con Harry Felton, donde estaba y tuve que buscar a Gabriela de nuevo

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