Sebastián Villareal está detenido en el hospital Tornú, con custodia. Investigan si padeció un brote psicótico o si había planeado apuñalar a Julieta Antón en el salón de baile de Belgrano.

Sebastián Damián Villareal ingresó violentamente al “El Club de Danza” de Avenida Lacroze y Once de Septiembre en Belgrano. Y su obsesión por Julieta Antón, una de sus profesoras del estudio de baile.

Le escribía constantemente, le enviaba fotos y videos bailando. Estaba obsesionado. Ella se sentía muy incómoda. Le pedía salir insistentemente”, contó a una de las amigas de la exbailarina del programa de Marcelo Tinelli.

Las amigas de la víctima mencionaron chistes pasados de tono como una de las principales conductas del alumno que ponían nerviosa a Antón. También que se acercaba demasiado. “Le mandaba a Julieta mensajes constantemente y le pedía sacarse una foto con ella. Actuaba raro en clase. No respetaba la distancia con los compañeros y la profesora. Le interrumpía todo el tiempo la clase haciendo preguntas y comentarios raros”, contó Delfina, amiga de Antón.

“Estaba viendo cómo frenarle un poco el carro porque no estaba cómoda dando la clase con él. El fin de semana me preguntó cómo podía hacer para frenarlo. Creía que podía bajarse el pantalón y mostrarle sus partes, como algo extremo que podía llegar a asustarla. Esto no lo veía venir. No le tenía miedo, pero presentía que algo raro tenía”, agregó.

El hombre de 30 años “se apareció” este martes en el salón y, antes de atacar a Antón con un cuchillo, le pidió sacarse una foto juntos. En la imagen aparece sonriente, inofensivo. Horas antes, le había dedicado un afectuoso mensaje público en el último posteo de su profesora.

El exárbitro fanático de las comedias musiciales -tuvo un paso previo por la escuela de Valeria Lynch- tomó de rehén a su nueva víctima. Los gritos de auxilio se escuchaban desde la calle. Cuando los efectivos de la Policía de la Ciudad llegaron a la escena Villareal sostenía en alto el cuchillo de carnicero y con una rodilla inmovilizaba en el piso a Bovino. “Dispárenle, la va a matar”, gritaban alumnos y el resto del staff a los agentes.

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