Actualmente, Argentina es uno de los 20 países con mayor pérdida de vida silvestre, debido al sistema alimentario que rige en el país.

Desde hace varios años, diversas organizaciones internacionales vienen advirtiendo sobre la importancia de modificar el sistema alimentario. El objetivo es saciar las necesidades de aquellas personas que no pueden acceder a un plato de comida y reducir el impacto sobre el medioambiente.

A días de haber comenzado el año 2021, organismos como Unicef (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) o el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés) aseguran que la pandemia de coronavirus puede dejar secuelas vinculadas a la alimentación. Por ese motivo, una vez más, destacan la necesidad de implementar dietas “basadas en el planeta”.

De acuerdo al WWF, este tipo de alimentación implica patrones de consumo “positivos para todos”, con un alto nivel de beneficios para la salud humana y un bajo impacto ambiental.
En relación con este último punto, el WWF asegura que el sistema alimentario argentino provoca emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) equivalentes a las generadas por 87,5 millones de vehículos. Según el organismo, Argentina es uno de los 20 países con mayor pérdida de biodiversidad en el mundo, como consecuencia del tipo de producción y consumo que rige en el territorio nacional.

Si bien los sistemas alimentarios deben nutrir a las personas de una manera equilibrada, en la actualidad casi 700 millones de personas tienen hambre, mientras que otros dos millones son obesas o tienen sobrepeso.

De acuerdo a las estimaciones del organismo ambiental, la modificación de los patrones alimenticios podría reducir la pérdida de vida silvestre global hasta un 46% y el uso de tierra para agricultura, en un 40%. Asimismo, las emisiones de GEI disminuirían en al menos un 30%, evitando así un 20% de las muertes prematuras.

João Campari, líder mundial de la práctica de Alimentos del WWF, explicó: “No cambiar nuestras dietas está teniendo un impacto dramático en nuestra salud, la naturaleza, el clima y otros aspectos del desarrollo socioeconómico. Los sistemas alimentarios son los principales impulsores de la pérdida de biodiversidad. Si queremos lograr sistemas alimentarios que protejan la naturaleza, al mismo tiempo que proporcionamos a todos suficientes alimentos nutritivos y saludables; necesitamos un nivel de colaboración sin precedentes, para lograr las transiciones urgentes a dietas basadas en el planeta”.

Por eso mismo, desde el Fondo destacan la necesidad de adoptar una dieta flexible y capaz de adaptarse a los contextos locales, que comprenda alimentos saludables y desaliente el consumo excesivo de cualquier producto. Siguiendo estos patrones, el WWF asegura que se podrá detener la deforestación y revertir la pérdida de naturaleza.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *