Uno de los problemas más preocupantes en materia laboral es la gran dificultad para el ingreso al primer empleo en nuestro país y toda América Latina. La sangría que produce esta problemática parece no ser atendida con la contundencia que la problemática merece

Las cada vez más dificultosas posibilidades para que un joven aplique en una búsqueda empleo, es una de las realidades más oscuras que tenemos en la realidad y a la cual, es probable, que no se le preste la atención adecuada

Esta situación precaria la consideramos entonces como: la emergencia invisible.

Los jóvenes son el motor del futuro y esto no debe ser una frase hecha. Se necesita que un trabajador ingrese en su juventud a empleos menos calificados para que pueda forjar su experiencia y carrera laboral.

Y los jóvenes manifiestan que les cuesta aplicar en las búsquedas laborales porque en todos los puestos les exigen experiencia. La pregunta es: ¿Cómo consiguen esa experiencia?

La respuesta deberá llegar del Estado en el marco de la promoción de puestos de trabajo del sector privado a los jóvenes. Esto podría representarse a través de beneficios impositivos que promuevan a los empleadores a dar de alta en el Sistema Único de la Seguridad Social, por primera vez, a muchos jóvenes de gran potencial.

Muchos jóvenes vienen de generaciones de padres y abuelos desempleados. Tambien existen aquellos que, conociendo el empleo desde la casa, lo hacen en sus versiones más precarizadas.

Para acceder a beneficios como obra social, pago del aguinaldo, vacaciones pagas, y todos los derechos del empleo formal, hace falta experimentarlos, y para ello urge un programa eficaz que ayude a materializar la transformación de jóvenes que ni estudian ni trabajan.

Nada descubrimos al considerar que hay datos que “matan” cualquier relato. Según el informe sobre “ Desempleo juvenil y políticas sociales” Nº 37 de marzo de 2021 del CEM (Centro de Estudios Metropolitanos) en la Argentina en la actualidad hay 9.000.000 de jóvenes, lo que representa el 20% de la población total.

Se entiende por joven trabajador a toda persona entre los 18 a 30 años de edad. Ellos solo representan un 26% de la población ocupada laboralmente en nuestro país, y además la mayoría no se encuentran ni estudiando ni trabajando.

Aun así, la pérdida de empleo en el marco pandémico para los jóvenes ha sido letal. Según datos del CEM de los 3.900.000 de puestos de trabajo perdidos en el país, 1.300.000 corresponden a jóvenes de entre 18 y 30 años, un tercio del total.

¿Cómo debería enfocarse la solución a esta problemática?

En primer lugar se la debe visibilizar. En las convocatorias de empleo que hacen por ejemplo locales gastronómicos los jóvenes hacen cuadras de colas para entregar un CV.

Desde el punto de vista de la formación de los jóvenes, debería replantearse el sistema educativo de alguna manera para enseñar metodologías modernas para buscar trabajo.

El economista y coach Leo Piccioli, en su libro “Soy Solo”, asevera que buscar trabajo es un trabajo. Pero no basta con conocer los métodos, sino que se debe enfocar a enseñar a implementar los mismos de la manera más pertinente.

Se aprecian “búsquedas desesperadas” en Linkedin que lo que menos ayuda al joven es a incentivar o motivar su propia contratación. Hay confecciones muy defectuosas en los CV y en la manera de transmitir las aptitudes y valores del trabajador. Tambien se observa muy baja participación en portales digitales de búsqueda de empleo, cada vez más utilizados por los representantes de Recursos Humanos de las empresas.

Otro cambio necesario es salir de la idea fija de las pasantías laborales mientras los jóvenes estudian, y llevar el beneficio al área impositiva de las empresas, resguardando el ingreso y dignidad del puesto al joven trabajador. Lo que el Estado se priva de recaudar en materia impositiva por generar esta inversión en los jóvenes, lo recogerá con frutos de mediano plazo; y de corto si el shock positivo de empleos impacta en la reactivación de la economía.

Se debe enfocar la planificación de empleo joven en áreas donde las franjas etarias mayores no tienen tanto interés en incursionar. Es menester una estrategia de largo plazo donde se implemente la modificación del sistema educativo hacia áreas que repercutirán en el empleo futuro.

Esto es desarrollar el campo de la robótica, oportunidades en redes sociales, internet, “e-commerce”, y en especial, por el cambio de paradigma social y cultural hacia una sociedad de teletrabajo.

Hablamos de las decisiones que se mantienen en agenda más allá del color político del gobierno de turno. Un país que apunta a políticas de Estado tiene mayores posibilidades de éxito.

En suma, la crisis del empleo joven, cuyos perjuicios todavía no se revelan en toda su intensidad, y que se agudizarán cuando esas personas se conviertan en adultos y una generación de bajas oportunidades.

Se debe visibilizar cada vez más esta temática para mejorar los programas existentes e innovar en otros que apunten al futuro.

La implementación de políticas de estado, consensuadas a través de los dispositivos de dialogo sociales republicanos, enfocados en materia de empleo, se construyen mirando hacia adelante, nunca hacia atrás.

De este modo, la sangría del empleo joven y sus dificultades de ingreso al mercado laboral, comenzarán a mermar y alguna vez cesarán.

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